IP y sostenibilidad: ¿verdadero interés o más humo?

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A grandes rasgos, se entiende por sostenibilidad el desarrollo de acciones que responde a las necesidades actuales sin comprometer las futuras, hallando un equilibrio entre lo económico, social y medioambiental.

Muchas compañías hacen alarde de su interés en cambiar hacia modelos sostenibles, ya sea apoyando causas medioambientales, reduciendo el plástico u ofreciendo productos sostenibles. Sin embargo, muchas empresas hacen “greenwashing” (o ecoblanqueo, consistente en una forma de publicidad engañosa por medio de la cual se promueve una percepción de los productos, políticas u objetivos de empresas que son respetuosos con el medio ambiente). El greenwashing se suma a otras técnicas de marketing conocidas como “colourwashing” (en este post no vamos a entrar en ello, pero si tenéis interés, podéis informaros aquí).

Es por ello que cabe cuestionarse la veracidad de esta “fiebre verde” por parte de las empresas. ¿Hay un verdadero interés detrás de estas campañas que velan por la sostenibilidad o simplemente quieren subirse al carro de lo eco-friendly porque es el nuevo hype?

Quizá una forma de obtener visión real del interés —o inversión— de la industria en medidas sostenibles sea por medio de las propiedad intelectual e industrial, en concreto de las patentes.

Las llamadas patentes “verdes”

Las tecnologías ligadas a la lucha contra el cambio climático son un elemento clave en la elaboración de políticas y la toma de decisiones de empresas relativas a la dirección de recursos que pueden potenciar una transición energética eficaz.

La Oficina europea de Patentes (EPO) publicó el pasado abril un estudio en el que refleja la relevancia de las patentes en la transición energética. Asimismo, se resalta que se está produciendo un cambio en el enfoque de las patentes verdes, dado que en lugar de concentrarse en tecnologías de suministro de energía (e.g. eólica, solar, o hidroeléctrica), la innovación se está dirigiendo a tecnologías de uso final (i.e. automóviles, electrodomésticos…) y tecnologías transversales (i.e. baterías).

Sin embargo, lo que hace algunos años fue una gran tendencia en el ámbito de las patentes, frenó en seco en 2013 y ha crecido de manera tímida desde entonces, como puede verse en el siguiente gráfico:

¿A qué puede deberse este descenso? ¿Supone una falta de interés en el área? ¿La figura de la patente no resulta suficientemente atractiva? ¿Faltan incentivos o recursos para promover la innovación?

Es posible que algunas puedan ser las razones tras ese descenso, pero el cambio de dirección de la innovación hacia tecnologías de uso final o transversales centra la atención en los consumidores, abriendo la vía a la oportunidad de diferenciación de productos mediante colaboraciones.

Por lo general, los ciudadanos están cada vez más involucrados como consumidores de productos y servicios consistentes en sistemas energéticos limpios y resistentes. Los consumidores de estos productos valoran múltiples atributos, no solo la fiabilidad y el coste. Por ello, los innovadores tienen un amplio margen para desarrollar soluciones para satisfacer los deseos de los consumidores. Para ello, compartir parte de la carga que puede conllevar el desarrollo de esas soluciones entre distintos países o territorios, podría conducir a un mayor progreso tecnológico a nivel internacional. Como indica el estudio de la EPO anteriormente mencionado, la cooperación puede acelerar los esfuerzos de I+D realizados por los principales centros de innovación y permitir a otros países absorber y explotar más rápidamente las tecnologías. Sin embargo, para ello es necesario poseer objetivos concretos que busquen promover la innovación en distintos ámbitos y la UE recientemente ha dado un pasito más en esta línea.

European Green Deal

Desde la aprobación del European Green Deal (o Pacto Verde europeo) en diciembre de 2019, la Comisión europea (CE) parece estar centrando grandes esfuerzos para llevar a cabo una transición ecológica con el fin de convertir a la UE en el primer territorio climáticamente neutral de aquí a 2050. Por medio de este Pacto, se pretende aumentar el bienestar y salud de los actuales ciudadanos y generaciones futuras, promoviendo cambios en distintas áreas.  Hace algunos días, la CE dio un empujón más al proyecto, publicando una serie de fichas informativas que reflejan los distintos objetivos a cumplir a nivel normativo, a través de los cuales se pretenden crear nuevas oportunidades de innovación, empleo, mercado e inversión:

Sin embargo, para que los verdaderos objetivos que están detrás de estas propuestas normativas tengan un impacto real, es necesaria la concienciación y colaboración de distintos entes y no solo la CE, incluyendo organizaciones, empresas, centros de investigación y por supuesto, la sociedad en sentido general. Para ello se debe reflexionar en mecanismos que faciliten esa transición e incentiven el uso de tecnologías existentes —como la fabricación aditiva—, pero también en formas que promuevan suficientemente la innovación, tales como acuerdos de colaboración o licencias en el ámbito de la propiedad intelectual e industrial.

Conclusión

Dada la emergencia climática en la que nos encontramos y la frivolidad con la que puede llegar a tratarse este problema, el Green Deal puede verse como el principio de un largo —y ambicioso— proceso de transición ecológica al que esperemos que otros territorios se sumen y que no sea papel mojado.

La UE compartirá estas propuestas e ideas en la próxima reunión de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP26), que se celebrará en Glasgow en noviembre. Veremos si finalmente la intención se convierte en acción.

Rebeca Ferrero Guillén
Abogada y amante de los gatos. Decidió especializarse en propiedad intelectual e industrial cuando estaba cursando su tercer año de carrera en París (Panthéon-Assas). Allí descubrió que su pasión por las bellas artes y la tecnología encontraba cobijo en el mundo rígido del Derecho, donde su mente creativa no acababa de encajar. Tras experiencias en despachos, cursó el Magister Lvcentinvs, gracias al cual consiguió un puesto de prácticas en las Salas de Recursos de la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea (EUIPO). Ahora, continua su andadura por oficinas internacionales durante un año en Múnich, con un proyecto de investigación en el equipo del CTO de la Oficina Europea de Patentes (EPO). Asimismo, como el gusanillo de la investigación le ha dado fuerte y le gusta escribir, está comenzando a emprender la aventura del Doctorado.

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