¡Qué faena…!

Jurisprudencia Nacional ¡Qué faena…!
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Esto post ha sido elaborado para Lvcentinvs por Concepción Saiz, profesora titular de Derecho civil en la Universidad de Valencia

El pasado 16 de febrero, el Tribunal Supremo español se pronunció en contra de la protección por derecho de autor de una faena taurina. Pero no una faena cualquiera, no, sino la titulada «Faena de dos orejas con petición de rabo al toro “Curioso” nº 94, de peso 539 kgs, nacido en febrero de 2010, ganadería Garcigrande, Feria de San Juan de Badajoz, día 22 de junio de 2014». La faena consistía en: «mano izquierda al natural cambiándose de mano por la espalda y da pase por la derecha. El toro sale suelto y el torero va hacia él dando pase por alto con la derecha» y su autor había solicitado su inscripción en el Registro territorial de la Propiedad Intelectual de Extremadura, presentando para ello, además, su grabación audiovisual y un libro descriptivo. El registrador denegó su inscripción y el torero impugnó esta decisión ante el Juzgado de Primera Instancia. El diestro consideraba que el toreo es un arte y su faena una obra original del art. 10 del Texto Refundido de la Ley de Propiedad Intelectual.

En primera instancia, el Juzgado de lo Mercantil núm. 1 de Badajoz aplicó la doctrina del TJUE del caso “Football Association Premier League”, Asunto C-403/08, de 4 de octubre de 2011, en cuyo párrafo 98 se señala que los partidos de fútbol no pueden considerarse obras en el sentido de la Directiva sobre los derechos de autor porque las reglas de juego no dejan espacio a la libertad creativa y, en definitiva, no constituyen una creación propia de su autor. También, se abunda en las perniciosas consecuencias que produciría la inscripción de la faena taurina, pues permitiría a su titular prohibir a cualquier otro torero realizar la maniobra “mano izquierda al natural cambiándose de mano por la espalda o, en un futuro, el salto de la rana, las manoletinas, arrodillarse, etc.”, impidiendo estampar su estilo a dichos pases. La Audiencia desestimó el recurso interpuesto por el torero y mencionó, casi de soslayo, como también hiciera la sentencia de primera instancia, el principal argumento para la denegación de su protección, a saber, la imposibilidad de describir una faena de manera precisa de manera que pueda diferenciarse de otras muy parecidas.

Descontento con el fallo, el torero pide al Tribunal Supremo en casación que siente doctrina, dada la jurisprudencia contradictoria de las Audiencias Provinciales en relación con la interpretación del requisito de originalidad, respecto de si la obra de los toreros, fijada en soporte audiovisual, reúne los requisitos del art. 10 TRLPI. Aquel, tras confirmar que el hecho de que las faenas taurinas no estén mencionadas en el precepto no impide su posible protección por derecho de autor, echa un capote al diestro, señalando que la doctrina del TJUE en el caso Football Association Premier League no puede aplicarse directamente a este caso porque el toreo es, además —y no lo dice el tribunal, sino la Ley 18/2013, de 12 de diciembre, para la regulación de la Tauromaquia— una manifestación artística. No obstante, si bien es cierto que el arte está estrechamente relacionado con el derecho de autor, no lo es menos que no puede predicarse una equivalencia entre ambos términos. El concepto de obra es un concepto legal, independiente de factores estéticos o subjetivos, que requiere la observancia de ciertos requisitos cuya interpretación se deja, en última instancia, en manos de los tribunales. Por tanto, el hecho de considerarse el toreo un arte, no le exime de cumplir dichos requisitos generales de protección y que el TS remite al TJUE en el asunto “Cofemel”: la originalidad (entendida en sentido subjetivo) y la existencia de un objeto identificable con suficiente precisión y objetividad. En relación con el primero, para que una obra sea original basta que constituya una creación intelectual propia de su autor (29); que refleje su personalidad, manifestando las decisiones libres y creativas del mismo (30) Esto no es posible cuando lo expresado viene condicionado por consideraciones técnicas (caso Brompton), reglas (Football Association Premier League) u otras exigencias (31). Entre estas últimas exigencias parece situar el TS la lidia de un toro, pues, “participa de un argumento común: el torero se enfrenta a un toro bravo, a quien intenta dominar y finalmente matar, eso sí, con la pretensión de hacerlo de forma artística. Esta faena se desenvuelve en una secuencia de actos en cierto modo pautada, en cuanto a que se desarrolla en tres tercios (varas, banderillas y muleta), además de la muerte del toro, y está previsto el contenido de cada uno de ellos, el lugar en que se ha de desarrollar y la función que debe realizarse”. A ello le añade el tribunal el importante peso que tienen la técnica y la habilidad del torero, aspectos que forman parte del acervo común y, por tanto, meras “destrezas” no susceptibles de esta protección específica.

El segundo de los requisitos de protección que debe concurrir para proteger un resultado artístico como obra es su identificación precisa y objetiva, aun cuando esta expresión no sea permanente. Se trata de que cualquiera pueda conocer exactamente el objeto protegido. En este sentido, el TJUE ya había señalado que esto no ocurre cuando lo que se pretende proteger es el sabor —percepción subjetiva— de un alimento (STJUE caso “Levola Hengelo”, C-310/17, de 13 de noviembre 2018), al menos no todavía mediante los recursos técnicos disponibles en la fase actual del desarrollo científico (43). Según nuestro TS, tampoco sucede en la lidia de un toro “al no poder expresarse de forma objetiva aquello en que consistiría la creación artística del torero al realizar una concreta faena, más allá del sentimiento que transmite a quienes la presencien, por la belleza de las formas generadas en ese contexto dramático”.

Resulta inquietante que, cuando el TS en su último argumento descarta la imposible equiparación de la lidia de un toro a una coreografía (género creativo que sí encuentra mención en la lista de art. 10.1 TRLPI, concretamente en la letra c), se refiera a que la identificación precisa y objetiva de esta última sea posible gracias a la notación que, a la postre, permite que se pueda reproducir nuevamente. ¿Debemos entender que el tribunal hubiera premiado al diestro con una vuelta al ruedo si a su faena le hubiera puesto música? Nuestra sugerencia (de Aurelius y mía) en estos tiempos de Fallas sin olor a pólvora sería esta.

Lvcentinvs
Desde la Asociación de Antiguos Alumnos del Magister Lvcentinvs y la Universidad de Alicante (España), información actualizada sobre los avances en materia de propiedad intelectual y de Derecho internacional privado para juristas europeos e iberoamericanos.

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