Qué son realmente las creaciones generadas autónomamente por IA

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El presente post está redactado a partir de las reflexiones que sirvieron de base para mi ponencia en la mesa redonda “La perplejidad del Derecho de propiedad intelectual ante la eclosión de la Inteligencia Artificial” organizada por ASIPI el pasado 8 diciembre de 2020 

Los retos que los sistemas de IA conllevan para los derechos de autor y derechos conexos pueden agruparse en tres bloques.

En primer lugar, en relación con los inputs, es decir los retos que se derivan de la necesidad de utilizar grandes cantidades de datos e información para entrenar los sistemas de IA. Muchos de esos datos son contenidos protegidos por derechos de autor y derechos conexos. ¿Resulta preciso recabar la autorización de su titular en para la utilización de esos datos en todos los casos?¿Qué papel juegan las excepciones al derecho de exclusividad?¿Es suficiente con el establecimiento de la excepción de minería de textos y datos en los arts. 3 y 4 Directiva 2019/790?

En segundo lugar, en relación con los sistemas IA como tales, los cuales en la medida en que son software y bases de datos, pueden ser protegidos por derechos de autor y, en su caso, secreto empresarial e incluso patentes, si es que forman parte de las llamadas invenciones implementadas por ordenador.

En tercer lugar, en relación con los outputs, es decir, los resultados a los que llegan estos sistemas IA que, cada vez con más asiduidad, pueden constituir creaciones susceptibles de protección por derechos de autor y derechos conexos.

En este post, me quiero referir a este último aspecto, en relación con el cual cabe responder dos preguntas: ¿pueden estas creaciones tener la consideración de obra?¿quién debe ser considerado el titular de los derechos sobre esa obra?

La problemática que se encierra detrás de estas preguntas puede explicarse fácilmente a partir del ejemplo del conocido proyecto The Next Rembrandt. Se trata de un proyecto llevado a cabo en Países Bajos, en el que un equipo de investigadores digitalizó todos los cuadros del pintor holandés para entrenar un modelo IA capaz de generar un cuadro imitando su estilo. ¿Puede el cuadro generado por el modelo IA ser considerado una obra en el sentido de la legislación de propiedad intelectual? ¿Quién debe ser considerado autor? ¿El sistema IA o las personas que diseñaron el sistema?

Hasta donde conozco, las respuestas a estas preguntas pasan por establecer una distinción entre: creaciones humanas asistidas por IA; y creaciones generadas autónomamente por IA. Así se establece, por ejemplo, en la última resolución emitida sobre el particular por el Parlamento Europeo, y de la que ya habló en este blog Carlos Muñoz. Algún autor (sinceramente, no recuerdo quien) sostiene que la problemática actual está referida a la primera categoría de creaciones, mientras que las segundas son cosa del futuro. A mi modo de ver, la distinción entre ambas categorías de creaciones no es ni mucho menos clara, circunstancia que tiene implicaciones regulatorias para ambas categorías actualmente.

De acuerdo con esta división, cuando se trata de creaciones humanas asistidas por IA, se aplica el régimen general de PI. Así lo indica, por ejemplo, el Parlamento Europeo en la resolución citada. Es decir, estaremos ante una obra, y el autor de la misma (o titular de derechos) será la persona o personas que realizaron los arreglos necesarios para que se llevara a cabo la creación de la obra. Cabe, en este supuesto, hablar de obras colectivas, y atribuir la titularidad a la persona física o jurídica que coordinó esos trabajos. 

Esta solución presenta problemas por exceso y por defecto.

Por exceso porque pueden existir varias personas que hayan llevado a cabo arreglos necesarios para la creación de la obra. Esto ocurrirá, por ejemplo, cuando el desarrollador del sistema IA no coincida con la persona que aporta y procesa los datos con los que se entrena el sistema, o con el usuario que introduce las instrucciones para la generación de la obra. Esta última situación (dicotomía entre desarrollador del sistema IA y usuario) se va a dar con mucha asiduidad en la práctica. Volviendo a nuestro ejemplo de The Next Rembrandt, imaginemos que las personas que digitalizaron todas los cuadros fueran distintas de las que entrenaron el modelo de IA. ¿Cuales de ellas deberían ser consideradas autores? A mi modo de ver, todas, por cuanto cualquiera de ellas ha contribuido de manera esencial a la generación de la obra, es decir, de una manera que permite que la obra pueda ser considerada original. Estaremos ante un régimen de coautoría que presenta problemas para la explotación de la obra salvo, claro, está que constituye una obra colectiva en la que una de ellas se encarga de coordinar las actividades.

Por defecto porque puede ocurrir que ninguna de las personas que interviene en la generación de la obra contribuye de manera esencial, es decir, para dotar a la obra de originalidad. Estas situaciones se dan, actualmente, en más ocasiones de las que pensamos. Pensemos en un periódico que utiliza un modelo de IA basado en GPT-3 de OpenAI para generar noticias. ¿Debemos considerar autor al periodista que ha introducido los datos de hecho necesarios para producir la noticia? ¿Deberíamos considerar autor al desarrollador del modelo de IA, que ni tan siquiera sabía que iba a ser utilizado con dicha finalidad? A mi modo de ver, ninguna de ellos contribuye de manera esencial para dotar de originalidad a la obra. En consecuencia, si estas creaciones son consideradas creaciones humanas asistidas por IA, entonces, el régimen general nos lleva a entender de que son obras que no tienen autor y pasan a formar parte del dominio público.

Pero cabe otra interpretación y es considerar que estas creaciones, aunque sí que existe intervención humana para su creación, constituyen creaciones generadas autónomamente por sistemas IA. Esto exigiría expandir el concepto de esta última categoría de creaciones, y no asociarlo exclusivamente a las creaciones generadas a partir de los llamados sistemas de IA general. Además, no se trataría de un problema futurible, sino de un problema real que puede derivarse de muchos sistemas de IA de uso generalizado: robots que escriben noticias, que crean partituras musicales, los traductores de idiomas….

Es en este contexto son varios los autores que han sostenido que las creaciones generadas por IA (pero con intervención humana) deberían estar protegidas por alguna categoría de derechos actualmente existente, o por un derecho de nueva creación. A favor de esta opción regulatoria se ofrecen los siguientes argumentos:

a) Si bien es cierto que no sería posible considerar que estas obras son originales, existen muchas creaciones o prestaciones susceptibles de protección sin necesidad de cumplir con este requisito. Esos otros derechos no protegen el esfuerzo intelectual sino la inversión realizada. Es el caso del derecho sui generis sobre las bases de datos; las meras fotografías, o las grabaciones sonoras o audiovisuales.

b) Si bien este nuevo derecho no incentivaría a la máquina a crear, sí que se incentivaría a que los humanos invirtieran en el desarrollo de sistemas IA.

c) Si no se atribuyeran derecho a las creaciones IA, el acceso a las mismas sería más fácil y más barato que a las creaciones humanas, por cuanto en este último caso, al estar protegidas, se debería obtenerse una licencia. Esto favorecería involuntariamente el consumo y mayor éxito de las primeras en detrimento de las segundas, circunstancia que, en última instancia, podría desincentivar la creación humana.

A mi modo de ver, la propuesta no es sostenible por cuatro razones. Creo, por ello que es preferible interpretar que estas obras pasan a formar parte del dominio publico:

a) Si bien es necesario proteger la inversión en sistemas de IA, esta inversión queda suficientemente protegida con la protección que reciben los autores de los modelos de IA.

b) Que las obras IA fueran más baratas que las obras humanas no debería perjudicar al consumidor final, mediante la adopción de un derecho destinado a incrementar los costes de las creaciones generadas por IA.

c) La falta de protección de estas creaciones favorece el acceso al conocimiento y a los datos, lo cual es muy necesario para la innovación basada en los datos.

d) En fin, la inexistencia de un derecho no quiere decir que el titular quedaría completamente desprotegido por cuanto podría acudir a la protección mediante competencia desleal cuando se cumplieran los requisitos para ello.

¿Quiere esto decir que debe cerrarse completamente la puerta a que las máquinas puedan ser titulares de derechos sobre las creaciones generadas autónomamente? En absoluto. En aquellos casos en los que esas obras se generen de manera completamente autónoma, es decir, sin ninguna intervención humana, estaremos hablando de que ya no estamos solos en este mundo, es decir, de que existe otra forma de vida inteligente más allá de los seres vivos. En tal caso, yo tendría muchas más dudas para afirmar que estas máquinas no pueden ser consideradas autores. Pero el debate no sería unicamente esa, sino que será un debate general sobre si se debe atribuir personalidad jurídica a entidades de inteligencia artificial y si, por lo tanto, puede ser sujetos de derechos y se les pueden imputar responsabilidades. Este sí me parece un problema futurible.

En fin, os dejo con canciones de ánimo para estos tiempos convulsos de viejos rockeros que nunca mueren: aquí, aquí, aquí y (¡dedicada a Carlos!) aquí

Aurelio López-Tarruella
Profesor Titular de Derecho internacional privado. Universidad de Alicante (España), Abogado Of Counsel de Baylos, Profesor del Doctorado Europeo EIPIN – Information Society (Horizon 2020 Marie Skłodowska Curie Action ITN-EJD 2016-2019) y de diferentes Masters y cursos en España y el extranjero. Consultor para OMPI, la Comisión Europea y el Parlamento Europeo en proyectos de propiedad intelectual. Autor y editor de diferentes publicaciones.

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