Otra carta de amor más del Parlamento Europeo a la Inteligencia Artificial: ¿prometiendo o restringiendo derechos de PI?

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Vamos a comentar un par de cosillas – no todas – sobre la Resolución del Parlamento Europeo, de 20 de octubre de 2020, sobre los derechos de propiedad intelectual para el desarrollo de las tecnologías relativas a la inteligencia artificial (2020/2015(INI)).

La Resolución no solo se centra en el papel que juegan y jugarán los derechos de PI en el desarrollo de la IA y sus ecosistemas, sino también en otras dimensiones afectadas – o entrelazadas – a los derechos de PI – e.g. políticas relativas a los datos industriales, interoperabilidad, transparencia, competencia, etc. De hecho, a un servidor le da la sensación de que se intenta hablar de todo un poco y al final se crea un mejunje importante y ninguna respuesta (o, mejor dicho, problemática) clara (o bien definida). Allá vamos.

Cuando uno empieza a leer esta Resolución, hay dos cosas que la Comisión deja muy claras desde el primer momento: (i) la razón de ser del marco jurídico de la UE en materia de propiedad industrial e intelectual – i.e. “garantizar la promoción de la innovación y la creatividad, así como el acceso al conocimiento y a la información” (considerando A.); y, (ii) el objetivo de la UE de convertirse en EL líder mundial de las tecnologías relativas a la IA (considerando E.) – tras el cual se esconde otro objetivo, el de “recuperar y salvaguardar la soberanía digital e industrial de la Unión”. Parece ser que nos la han robado – ¿¡Quién!? – ¿Y una vez la recuperemos, mediante qué mecanismos la protegeremos? Esta Resolución trata uno de los ‘CÓMO’ se pretende recuperar dicha soberanía digital e industrial.

Un ‘marco regulatorio’ ad hoc para la IA (un tanto ambiguo)

En relación con dichos objetivos, el Parlamento hace referencia a la creación de un ‘marco regulador’ de la Unión en el ámbito de la IA (considerando F). Basándonos en la política de la Unión en cuanto a IA estos últimos años, suponemos que por marco regulador se entiende un paquete legislativo – datos; ética; responsabilidad; PI; interoperabilidad, etc. Sin embargo, en esta Resolución el Parlamento hace referencia a un potencial ‘Reglamento’ – considerando 3 – como instrumento regulatorio de preferencia. Esto último nos lleva a preguntarnos sobre el contenido de dicho Reglamento, puesto que esta Resolución trata los derechos de PI en el desarrollo de tecnologías relativas a la IA. ¿Quiere esto decir que se está diseñando un reglamento de PI ad hoc para la IA? No será el caso. O, ¿Quiere esto decir que en dicho reglamento se pretenda incluir una serie de excepciones y/o ‘safe harbours’ que limiten ciertas prerrogativas derivadas de los derechos de PI, en ciertos sectores y aspectos técnicos concretos? Puede ser – véase alusión en considerando 12 y en especial en relación con la ingeniería inversa, los secretos industriales (y la interoperabilidad).

Por otro lado, marco regulatorio y reglamento aparte, el considerando 19 llama la atención a cualquiera: “(el Parlamento) acoge con agrado una posible revisión de la Directiva sobre las bases de datos y una posible aclaración de la aplicación de la Directiva relativa a la protección de los secretos comerciales como marco genérico”. Vamos sumando, ahora ya tenemos un supuesto marco regulatorio (¿definido?), un reglamento sobre ‘algo de IA’ y posibles revisiones de instrumentos ya existentes. Sigamos.

¿Son los derechos de PI el problema? ¿O lo es el modo de explotación/instrumentalización de éstos?

Desde otro ángulo, la Resolución trata de ‘problema’ la protección de los derechos de PI en el desarrollo de la IA – considerando I. Esto da pie a 3 hipótesis: (i) no está claro que aspectos de la IA se pueden proteger por vía de que derechos de PI – y viceversa, cual es el alcance de protección de los derechos de PI con respecto a las innovaciones relativas a la IA; (ii) los derechos de PI son un obstáculo para el desarrollo de la IA; (iii) se necesita una mayor protección de ciertos elementos técnicos de los sistemas de IA, para favorecer así la innovación en el sector.

Los siguientes dos extractos nos hacen ver dónde está el intríngulis y dónde se va a tener que decidir: “al objeto de liberar el potencial de las tecnologías de IA, es ineludible que se eliminen las barreras legales innecesarias, de modo que no se obstaculicen ni el crecimiento ni la innovación en el desarrollo de la economía de datos de la Unión; pide que se lleve a cabo una evaluación de impacto respecto a la protección de los DPI en el contexto del desarrollo de las tecnologías de IA (…)” – considerando 5; “Subraya la importancia capital de una protección de los DPI equilibrada en lo que respecta a las tecnologías de IA (…)y hace hincapié, al mismo tiempo, en la relevancia de velar por un alto nivel de protección de los DPI, de crear seguridad jurídica y de generar la confianza necesaria a fin de fomentar la inversión en estas tecnologías y garantizar su viabilidad a largo plazo y su utilización por parte de los consumidores.” considerando 6.

Como ejemplo de la encrucijada expuesta en el párrafo anterior, el Parlamento hace un claro guiño en los considerandos 11 y 21 a las patentes esenciales en el sector de las telecomunicaciones, y la contienda actual en Alemania que enfrenta a Daimler y Nokia, entre otros, relativa a tecnologías de conectividad para vehículos ‘conectados’ y ‘autónomos’. Esto último, junto con la política pro-acceso a los datos y un reconocimiento de la interoperabilidad como valor técnico esencial en la economía digital, crea un contexto muy delicado en el cual un paso (político y legislativo) en falso puede comprometer los incentivos de innovación en sectores críticos como las telecomunicaciones o super-computación – ambos sectores siendo hoy por hoy donde se encuentra la esperanza europea de liderazgo técnico a futuro – y no en la IA en sí, y conexos al desarrollo de la IA.

Mas allá, en cuanto a los datos industriales, estos juegan un papel esencial para el desarrollo de la IA, y el Parlamento parece entrelazar los derechos de PI y los datos (y derechos relativos), y como no, plantea el quid sobre la pertinencia de los derechos de PI a la hora de proteger los datos como activo intangible – véase considerandos 18 y 19 (y la duda sobre la posible necesidad de un derecho nuevo).

Consecuencias de una política más ‘abierta’: abierta, ¿para qué y para quién?

El (re)diseño de una política industrial comunitaria capaz de consolidar un liderazgo en un campo técnico como es el de la IA pasa por varios desafíos. Uno de ellos, el que hoy nos ocupa, es el rol – y el devenir – de los derechos de propiedad industrial e intelectual como adalides de la innovación y la competencia. Pero vamos al grano, lo que está en juego aquí es la instrumentalización de las políticas de derechos de PI como factor esencial a la hora de ganar la tan ansiada – para muchos ya perdida – carrera tecnológica de la IA.

Por un lado, una política estricta y proteccionista de derechos de PI nos lleva al concepto más puro de la PI en el que reside el propio paradigma económico de esta: “innovación = (e.g.) patente = derecho de exclusión = fomento de la competencia por substitución (y diferenciación) = nuevas innovaciones = nuevas patentes … et ainsi de suite”.

Por otro lado, una política de PI más ‘laxa’ y abierta nos lleva a re-pensar el uso político de los derechos de PI, también como instrumentos para asegurar a corto plazo las necesidades técnicas actuales (e.g. interoperabilidad, acceso a los datos, calidad y explotación de estos, etc.) y promover modelos de innovación nuevos en el mercado no basados en una explotación tradicional de los derechos de PI, sino en una explotación más ‘abierta’ y centrada en obtener otro tipo de beneficios primarios aparte de las regalías – u autos judiciales. Estos beneficios se centran en asegurar la interoperabilidad a mayor y más rápida escala, en asentar lo antes posibles unos sólidos efectos de red (lo que conlleva a muchos a competir POR el mercado y no EN el mercado ¿deseable y previsto?), y en la creación de ecosistemas.  

¿Cuál es el posible precio a pagar? Una paradoja basada en un falso ‘sharing is caring’ que es el pan de cada día de los gigantes tecnológicos extranjeros (e.g. ‘open’ source, ‘open’ data, y competir por el ecosistema – lo de competir por el mercado se ve que ya no está de moda para algunos y se queda corto para otros). Una política abierta de PI suena bien, atractiva, sin embargo, valga la redundancia, ¿qué se da a cambio?

Carlos Muñoz Ferrandis
Carlos Muñoz Ferrandis
Abogado fanático de las nuevas tecnologías y amante del rugby. Tras pasar por el Magister Lvcentinvs, Carlos dio sus primeros pasos en el mundillo internacional de la PI en la Oficina Europea de Patentes (Munich) y en un despacho europeo en París. Su insaciable curiosidad y acérrimo afán por hacer lo que a uno le gusta en la vida han hecho que hoy por hoy se encuentre haciendo su doctorado en la Meca de la PI en Europa, el Max Planck Institute for Innovation and Competition (Munich). Aun habiendo confesado su amor a las telecos y open source, sin embargo, se centra también en proyectos de blockchain con universidades extranjeras. Más allá, como le gusta el jaleo intelectual, creó junto con un buen colega una plataforma sin ánimo de lucro donde se discuten y analizan las convergencias entre derecho y tecnología (High Technology Law Forum).

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