La paga extra: segunda puerta a la derecha

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Enfilamos el ecuador del mes de los excesos por antonomasia con más qué pensar  (que para eso estamos ya en la segunda semana del adviento) que qué echarnos a la boca, pues parece que el frenesí contemporáneo ha tenido más ocupada a la PI en cuadrar cifras y comprar regalos, y que no le ha dado tiempo a pedir las sobras de las copiosas cenas de empresa, que en atender el negocio familiar. Esta desatención la pagáis vosotros, queridos míos. Por eso me duele y me solidarizo con vosotros -dijo desde su yate, “sufriendo”-. Pero como las fechas invitan a la reconciliación y los vapores del vino a la exaltación de la amistad, seguro que podréis disculpar a esta buena señora y contentaros con lo poco que queda en el cestillo. Hagamos magia:

El tiempo de la limosna y el aguinaldo se hace notar en la mayoría de las pocas noticias que se apagan a los pies de la vendedora de fósforos.

Mal consuelo para los perjudicados es el ruidillo que hacen las rotativas y redes sociales al respecto, pero menos es una peli de Cazafantasmas, y ahí la tendremos.

Nos referimos a las demandas poco agraciadas para sus partes… actoras.

La heredera de John DeLorean podrá derribar exasperada y ebria su edición de coleccionista de Regreso al futuro, firmada por Michael J. Fox (¿?) tras ver desestimada su pretensión de recibir regalías por el uso de los juguetes de su difunto marido en formatos audiovisuales y merchandising. La cosa parece sencilla: los nombres del famoso modelo de auto son marcas registradas, y éstas fueron adquiridas por otra empresa (DMC Texas) cuando la que encumbró al bueno de John quebró. Total, el acuerdo entre Universal y DeLorean Motor Company pasaba a tener un nuevo jugador, y Scar tendría que matarlos a todos para intentar arañar lo que apelando a Copyright podría caer. Los detalles los podréis encontrar en 1985, 1955, 2015, 1885 o aquí. Yo qué se. Pregúntale a tu madre mejor.

Las entidades de gestión colectiva españolas tendrán que mirar mejor el presupuesto navideño si contaban con lo que pudieran recibir de las demandas interpuestas contra el Estado por responsabilidad patrimonial, amén del vaivén que tuvo lugar a propósito del canon digital (año 2011 y siguientes).

Que si aquí paga todo el mundo, que si café para todos, que si el Synder cut es mejor que Wonder Woman, que si me dejas el DeLorean para deshacer el entuerto… Precioso culebrón que ha acabado negando la paga extra con cargo a los propasamientos del Estado de 2014 a SGAE, AIE, AISGE y compañía, en palabras de Carlos Boyero. Pero ya juzgáis vosotros mejor aquí.

La pena de ir a Bershka, Primark o prensa generalista es que tienes ropa de Bershka o Primark. Por eso hay que ponérsela con cuidado, no sea que el roto del pantalón deje de ser tan calculadamente descuidado. Dicho esto, sabed que llegan los copyright trolls: picapleitos que acucian a los infractores de a pie con cartas de cese y desistimiento en las que les ofrecen una resolución extrajudicial por el módico precio de un billete rosa. La maldad intrínseca de estas conductas puede desplazar a los ecológicos entre los nominados a nuevos pecados. ¿Importa saber si estos abogados son representantes autorizados de los titulares de los derechos que defienden? No para un hombre con tirantes remangado y lápiz rojo en ristre. A menos que el copyright infringido sea de Mysterio. En ese caso, sí.

Y la cuestión no es baladí, pero hay, además, otros puntos picantes en el asunto, porque se apela al interrogante de un juez belga que reclama una hipotética obligación de uso para acabar con los vagos y maleantes. Ved lo que os digo aquí o afrontad las consecuencias.

El contrapunto a tanta avaricia lo pone el INDECOPI, que ha debido de pasar una siesta de serie B y se ha levantado renovado en su filantropía. Los beneficiados son los artesanos de la región peruana de San Martín, que tienen barra libre de marcas colectivas (hasta 164) y un lugar en nuestros corazones y aquí.

Da gusto ver cómo la moral se reconduce a tiempos mejores. Aunque todo parezca perdido para el pobre George Bailey, la esperanza se abre paso entre los grises, ablandando a los viejos rockeros y aplacando a los drogatas. Es lo que tienen la Navidad y el TJUE, que en su asunto T-683/18, viene a recordar que “un signo que alude a la marihuana no puede ser registrado como marca de la Unión”.

Dejad que me seque esta lagrimita furtiva y agudice el oído, porque me parece que esto es todo y que ya estoy oyendo la melodía de la cajita de música que lleva reportando quién sabe cuánto a Mariah (pronunciado “Mauiaia”) desde 1994. La cifra de royalties, como de operaciones, es una incógnita que sólo admite cábalas. Y, como de éstas saben un tanto los ingleses, aquí os dejamos la dirección del antro donde se especula en blanco y rojo.

¿Dónde habré dejado mi pandereta? La necesito para esto, aunque no tanto para esto otro.

César Paul
César Paul
Como el niño no sabía escribir ni leer, hubo que comprarle unos Plastidecor y ponerle musiquita para que no molestara. La verdad: no nos arrepentimos.

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