En los últimos meses he estado inmerso en cursos, proyectos y conferencias que me han llevado a estudiar sobre diversas cuestiones que, a final, han resultado estar íntimamente relacionadas por las implicaciones que pueden tener en el sistema internacional de propiedad intelectual. Las comparto por si alguien estuviera interesado en profundizar sobre la cuestión. 

Como es conocido, el proceso de globalización económica, iniciado “formalmente” con la instauración de la Organización mundial del comercio, ha desembocado en lo que se conoce como las cadenas globales de valor, es decir, “el conjunto de actividades necesarias para la producción de un bien o servicio, y que se llevan a cabo en distintas localidades geográficas”. 

En 2017, la OMPI publico uno de sus interesantes informes bianuales titulado “Capital intangible en las cadenas globales de valor” en el que llegaba a la conclusión de que, en dichas cadenas de valor, “el capital intangible representa alrededor de un tercio del valor total de la producción, generando las industrias de productos alimenticios, vehículos de motor y textiles alrededor de la mitad de los ingresos atribuibles al capital intangible”.

Sin duda alguna, los cambios que está experimentando el comercio internacional en los últimos años están afectando a esas cadenas globales de valor (el incremento de los salarios en los países de producción, la automatización de los procesos de producción, y el auge del proteccionismo) pero no a la importancia de la propiedad intelectual, la cual sigue aumentando. Según explica Enrique Fanjul en este webinar sobre “evolución y tendencias de la globalización”: 

a) el comercio de servicios que, según McKinsey ya representa un 50% del total. Dentro de esta categoría de comercio debe incluirse servicios incorporados a bienes, típicos del Internet de las cosas; intangibles; y servicios digitales como redes sociales o computación en la nube, todos ellos dependientes de la protección mediante PI.

b) estamos a un incremento exponencial del flujo internacional de datos y de información en comparación con el resto de factores de producción (bienes, personas y capital). No es de extrañar, por lo tanto, que los nuevos tratados de libre comercio que se están negociando pongan especial énfasis en garantizar el libre flujo transfronterizo de los datos. Es el caso, por ejemplo, del capitulo 19 “comercio digital” del T-MEC. Y tampoco lo es que la Comisión Europea siga poniendo énfasis en la necesidad de favorecer el acceso a los datos en su reciente “Estrategia europea de los datos” y en la necesidad de ofrecer seguridad jurídica sobre los mecanismos más idóneos (dentro de los derechos de PI) para su protección. 

Por si esto no fuera poco, en su reciente informe “La geografía de la innovación: núcleos locales, redes mundiales”, la OMPI pone de manifiesto que, “en gran medida, la innovación ha pasado a estar interrelacionada a escala mundial. Como elemento fundamental, la capacidad de las empresas y los investigadores de colaborar a través de las fronteras se ha basado en políticas que, en gran medida, propician la apertura y la cooperación internacional”. 

Todo lo anterior demuestra que, ahora más que nunca, resulta necesario garantizar la protección de los activos intangibles de las empresas a nivel mundial; circunstancia que, en principio, debería llevar a una modernización de los tratados multilterales en la materia. 

Ahora bien, resulta paradójico que cuando más necesarios son estos tratados estemos asistiendo a un auge del proteccionismo comercial o, como algunos lo llaman, a un proceso de desglobalización (sobre la que ya hablamos en su momento). Esto ha conllevado a que, en el mejor de los casos, dicha protección se intente garantizar a partir de tratados bilaterales; y, en el peor de ellos, se lleguen a disputas barriobajeras entre Estados, como las acusaciones de robo de propiedad intelectual de Estados Unidos frente a China, o las maniobras para disminuir la influencia de las empresas chinas en las tecnologías asociadas con el estandar 5G. Disputas que, además, en ningún caso llegarán al sistema de resolución de disputas de OMC, desactivado de facto por EEUU, sino, en todo caso, a algún tribunal de resolución de disputas en materia de inversiones

Y queda por apuntar el que debería ser elemento más determinante de cualquier futura regulación, incluida la de propiedad intelectual: la lucha por evitar o reducir el cambio climático… pero eso da para otro post.

En definitiva, ¿cuál va a ser el sistema de propiedad intelectual resultante de todos estos factores?¿Cómo se va a garantizar la protección de los activos intangibles de las empresas en los mercados globales en el marco de la cuarta revolución industrial?

Dicho esto, le paso los mandos a DJ Sebitas que considera importante amenizar este post con música enimentemente internacional: aquí, aquí, aquí y aquí.

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