El pasado 28 de abril, entró en vigor el Tratado de Beijing de 24 junio 2012 sobre Interpretaciones y Ejecuciones Audiovisuales.

Octavio Espinosa, Abogado y Consultor de Propiedad Intelectual, ha tenido la amabilidad de compartir con nosotros un breve resumen del Tratado para que nuestra audiencia (siempre ocupada) pueda conocer, de una manera sencilla, los aspectos esenciales del sobre el mismo.

El Tratado de Beijing obliga a los países adheridos (que incluye al Perú, pero no a la Unión Europea, España o Estados Unidos) a reconocer derechos en favor de los actores y artistas intérpretes audiovisuales respecto de sus actuaciones.  Los beneficiarios son esencialmente los actores de cine, televisión, teatro, etc., así como los bailarines, cantantes, músicos, mimos y otros que representen un papel, canten, reciten, declamen, interpreten o ejecuten obras artísticas o expresiones del folclore, y cuyas actuaciones o interpretaciones fuesen susceptibles de fijarse o incorporarse en obras (grabaciones) audiovisuales, en particular películas de cine y televisión.  

Este tratado refuerza la posición de los actores y artistas para obtener mejores remuneraciones por su labor artística.  El tratado les da derechos morales y patrimoniales.  Los derechos morales son esencialmente los que le permitirían al actor reivindicar que se le identifique en relación con sus interpretaciones o ejecuciones, y oponerse a cualquier deformación, mutilación u otra modificación de sus interpretaciones o ejecuciones que pudieran causar perjuicio a su reputación. 

Los derechos patrimoniales están constituido por el derecho que se le confiere al actor para autorizar u oponerse a los siguientes actos de explotación de sus actuaciones (interpretaciones y ejecuciones):

1)  respecto de sus actuaciones no fijadas, los actos de radiodifusión o comunicación al público de su actuación, y la fijación de su actuación (p. ej. filmación o grabación de la actuación);

2)  respecto de actuaciones que han sido fijadas en fijaciones audiovisuales (fílmicos), los actos de distribución de ejemplares de esas fijaciones, su alquiler, su puesta a disposición del público (‘video on demand’), y su radiodifusión o comunicación al público (TV, cable, etc.).

La protección prevista en el Tratado no podrá ser inferior a 50 años, contados a partir del final del año en el que se hizo la fijación de la actuación.

La Convención de Roma (sobre la protección de los artistas intérpretes o ejecutantes, los productores de fonogramas y los organismos de radiodifusión) y el WPPT (Tratado de la OMPI sobre Interpretación o Ejecución y Fonogramas) atendieron los derechos de los artistas intérpretes y ejecutantes de obras sonoras.  El Tratado de Beijing complementa esos tratados en lo que se refiere a los derechos de intérpretes y ejecutantes en obras audiovisuales.  

Más información, con entrevista a Javier Bardem incluida, aquí.

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