Este artículo ha sido preparado por Rubén Cano Pérez, alumni del Magister Lvcentinvs.

De dónde viene…

¿Quién no ha visto a R2D2 en Star Wars, a Will Smith luchando contra seres automatizados en Yo, Robot, ha soñado con tener su propio “coche fantástico” o ha visto el potencial de la tecnología en Terminator? Las películas tienen algo de verdad, pero también hay algo de fantasía.

La palabra “robot” tiene un origen pintoresco. Fue usada en 1920 por el dramaturgo checo Karl Capek refiriéndose a una especie de humanoides realizados de material biológico en una fábrica, para que llevaran a cabo trabajo forzoso en su obra Rossumovi Univerzální Roboti. Según el escritor checo, estos robots eran fundamentales para la economía, porque, una vez ensamblados y en capacidad de laborar, reducían sustancialmente el coste de producción. Aunque sutilmente diferentes, estos robots pueden tener un cierto parecido a los que hoy conocemos. En la actualidad no se forman con ningún componente biológico e incluyen sumas ingentes de código fuente, pero tienen un impacto similar en el aspecto económico.

Algún informe de la OMPI ya ha reconocido la relevancia económica (encuentra un ejemplo aquí). La importancia jurídica también existe. Dicen que el Derecho suele aparecer después del movimiento social que regula, y ésta no es una excepción. Las llamadas “tecnologías inteligentes” han llegado para quedarse, siendo su potencial abrumador. Como parte de estas “tecnologías inteligentes”, resulta interesante saber cómo los robots están cambiando el mundo de la PI.

La cosa avanza, pero quizá no lo suficiente

De momento tenemos sobre la mesa una más que interesante Resolución del Parlamento Europeo, de 16 de febrero de 2017, con recomendaciones destinadas a la Comisión sobre normas de Derecho civil sobre robótica (2015/2103(INL)) , donde se analizan y evalúan desde una perspectiva ética y legal una serie de normas jurídicas civiles en el campo de la robótica. El siguiente paso ha sido una consulta tanto al público general como a expertos. (Para información actualizada sobre el trámite legislativo véase legislative train, y para profundizar en lo sustancial el Study “European Civil Law Rules for Robotics” ).

Al margen de los asuntos que la resolución citada propone, la robótica también planea inmiscuirse en Propiedad Intelectual e Industrial sin ningún tipo de miramiento. Como ya se ha indicado, la inclusión en este sector de tecnologías totalmente disruptivas como la Inteligencia Artificial (IA), la nanotecnología, la mecatrónica, la navegación y el reconocimiento de objetos, hacen que la multiplicidad de sectores en los que se aplique la robótica sea extraordinaria.

¿Cómo funcionan?

Los robots contienen tres partes fundamentales: la electrónica, la mecánica y la informática. Muchos defienden que lo diferencial, es el proceso mediante el cual los datos se transforman en conocimiento ¿dónde se crea la invención? ¿De dónde nace la creatividad? Este conocimiento nacería de la programación en general y de los algoritmos en particular.

Al margen de la parte mecánica y electrónica, para que funcione un robot, éste ha de ser programado. El mismo contendrá un programa que, a su vez, comprenderá diversos algoritmos que solucionarán determinados problemas. Dentro de un programa pueden existir gran número de algoritmos, tantos como problemas a resolver (en una comparación simple: el programa sería la casa y los algoritmos los ladrillos). Un algoritmo podría definirse como una serie de instrucciones lógicas que queremos que la máquina lleve a cabo (si pasa X, haz Y). En este contexto, los datos son el input, y el resultado deseado, el output.

Pues bien, hay algoritmos que marcan la diferencia: los learning algorithms. Los conocidos con este nombre van un paso más allá, siendo los propios algoritmos aquellos que elaboran otros algoritmos sin necesidad de intervención humana. Cuantos más datos reciba, más preciso será el algoritmo creado y mejor será el procedimiento de aprendizaje de la máquina: Big Data, Big Party.

Robots que únicamente ejecutan acciones a partir de datos (si pasa X, haz Y), ya existen desde hace mucho tiempo. Lo interesante viene con el fenómeno del machine learning, que ha provocado que, al margen de basarse en simples datos pre-introducidos, los algoritmos aprendan del entorno y cambien su conducta en función de su experiencia e interacción con el mundo exterior. El machine learning es reconocido como parte de la Inteligencia Artificial, aquella parte que no es únicamente programada para llevar a cabo actos sencillos y repetitivos, sino que también realiza lo que los humanos sabemos hacer mejor: aprender y crear. Inteligencia Artificial, Machine Learning y Learning Algorithms.

Un poco de PI y dos ejemplos

El machine learning lleva unos años formando parte de nuestras vidas. Ya en 1994, el científico computacional Stephen Thaler presentó una solicitud de patente para una invención denominada Creativity Machine, que sería concedida bajo el título de   “Aparato para la Generación Autónoma de Información Útil”. La segunda patente solicitada por el Dr. Thaler, en 1996, y de acuerdo con uno de sus asociados, fue “inventada por la primera patente”, es decir, por la “máquina de la creatividad”. Si bien la USPTO seguramente no tenía idea de que la invención había sido realizada por una máquina, esto es solo un ejemplo para ilustrar que no estamos hablando de algo utópico, sino de algo que quizá habíamos ignorado durante años. Otros ejemplos pueden ser las invenciones creadas por la Invention Machine, y basadas en software modelado en función del proceso evolutivo (Genetic Programming)(interesante artículo aquí). Si alguien todavía no se cree el fenómeno, puede echar un vistazo a Watson, el sistema computacional desarrollado por IBM para competir (y ganar) en Jeopardy!. La propia IBM ha descrito Watson como una de las máquinas de nueva generación que es capaz de producir creatividad, de crear ideas que el mundo en su conjunto no había imaginado hasta ahora.

Patentes y robótica

Evidentemente, el entramado tecnológico necesario para dar vida al robot, o parte de él, podría, prima facie, protegerse a través de patente. Tanto en los años 80 como a partir de los años 2000, las solicitudes de patentes relacionadas con la automatización del proceso productivo ya se llevaban a cabo.

El problema viene si al robot le da por inventar: ¿qué sucede entonces? Las normas relativas a la condición de inventor parecen no contemplar como tal a quien no goza de personalidad, pero: ¿qué pasa si el robot genera como resultado algo con las características adecuadas para ser patentado? A quién pertenece la invención, ¿al usuario que utiliza el robot? ¿A aquél que aporta los datos relevantes? ¿A quién ha producido el robot? ¿Al robot? ¿No se protege?

Como hemos indicado, sea cual sea la invención que consigan, las máquinas no se contemplan como inventores ni bajo el Art. 58 CPE, ni bajo Section 101 de la Ley de Patentes estadounidense.

Asimismo, un robot o un programa de machine learning no se prevé como infractor de patente bajo los ordenamientos jurídicos vigentes. Un determinado robot, al operar a través de un learning algorithm, puede interactuar con el exterior y modificar su comportamiento de manera que el resultado sea un algoritmo, proceso o producto susceptible de protección de patente (en relación con los algoritmos, clica aquí para ver las últimas tendencias de patentabilidad con respecto a Invenciones Implementadas por Ordenador).

El programa que incorpora el robot desarrollado por la empresa A, que se entrena con datos aportados por la empresa B, es propiedad de la empresa C, y usa recursos procedentes de la empresa D. ¿Quién sería el infractor?

Desde el punto de vista técnico podríamos pensar que el algoritmo tiene un papel fundamental, pero en general un programa ejecutado en un robot puede contener diversidad de algoritmos. ¿Qué sucede entonces? Y otra pregunta adicional: ¿cuánto importan la parte mecánica y eléctrica?

Copyright y robótica

Ahora imaginemos que al robot le da por ser creativo. Antes que nada ¿puede un robot ser creativo? En países como Nueva Zelanda, India, Hong Kong o Reino Unido las obras creadas por software, robots o sistemas de IA se protegen, pero el derecho se atribuiría a la persona dueña del “generador de creatividad”. En Estados Unidos o la Unión Europea parece mucho menos probable que se reconozca creatividad y, por ende, protección a obras fruto de un proceso no llevado a cabo por seres humanos. Diversas sentencias del TJUE ya han indicado que las creaciones son consideradas como tal en tanto reflejen la personalidad del autor (por ejemplo, Infopaq), y los ordenamientos jurídicos del viejo continente no contemplan como autor a robots o análogos (para más información, clic aquí). El tema es de rabiosa actualidad, y parece que necesita bastante reflexión.

Nos están cambiando

Llegados a este punto hemos de cuestionarnos si el sistema de protección de PI necesita algún cambio. Parece que las empresas prefieren mantener en secreto los resultados creativos y revolucionarios que generan estas máquinas, o simplemente lo solicitan como si hubiera sido un humano quien lo hubiera inventado. Si la sociedad no es capaz de adaptarse a la revolución de la Inteligencia Artificial, quizá el reconocido equilibrio entre el adecuado beneficio al inventor/autor y el interés público se decante hacia el lado de los inventores. El objetivo, en ningún caso es dar una respuesta, sino crear la preocupación justa y necesaria para que sepamos que quizá el sistema que hasta ahora conocemos ya no es válido.

1 Comentario

  1. El mundo y la tecnología evoluciona… como detenerla? no se trata de que nos reemplacen aunque a simple vista esta ocurriendo… se trata de complementar la vida humana con ayudantes electrónicos y mecánicos, la singularidad aun esta lejos; no tanto como para confiarse pero falta mucho camino por recorrer!!

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