Y creían ustedes que ya no oirían hablar de Maximilian Schrems, la persona más odiada a ambos lados del Atlántico por las grandes empresas tecnológicas. La persona que dió lugar a una de las sentencias del TJUE más importantes de los últimos años, y que conllevó la anulación de los Safe Habor Principles y obligó a las autoridades públicas de la UE y de USA a negociar en tiempo record un nuevo acuerdo en materia de transferencia internacional de datos personales, el EU-US Privacy Shield.

Pues bien, como puede que recuerde nuestra audiencia (pues así se lo contamos en su día), Schrems tenía abiertos dos frentes en su lucha contra Facebook: una en Irlanda (que dió lugar a todo el lio anterior) otro en Austria, relativo a una reclamación colectiva de los consumidores contra Facebook por incumplimiento de los Terminos de Uso. Mientras toda la atención pública estaba centrada en el primero de estos asuntos, el procedimiento en Austria ha seguido su curso…. con una excepción declinatoria presentada por Facebook en la que se indicaba que los tribunales austriacos no eran competentes para conocer de la demanda. La cuestión ha llegado al Oberster Gerichtshof el cual ha planteado una bonita cuestión prejudicial al TJUE en el asunto 498/16:

«1) ¿Debe interpretarse el artículo 15 del Reglamento (CE) 44/2001 en el sentido de que un «consumidor» a los efectos de dicha disposición pierde tal condición cuando, tras un uso prolongado de una cuenta privada de Facebook, publica libros en relación con el ejercicio de sus derechos, en ocasiones pronuncia también conferencias remuneradas, gestiona sitios web, recauda donaciones para el ejercicio de acciones y acepta la cesión de acciones de numerosos consumidores a cambio de la promesa de entregarles las cantidades que eventualmente se obtengan en el procedimiento, una vez deducidos los costes procesales?

2) ¿Debe interpretarse el artículo 16 del Reglamento (CE) n.o 44/2001 en el sentido de que un consumidor también puede ejercitar en un Estado miembro, en el fuero del demandante, junto con sus propias acciones derivadas de un contrato celebrado con consumidores, pretensiones en idéntico sentido de otros consumidores con residencia en:

  1. a) el mismo Estado miembro,
  2. b) en otro Estado miembro, o
  3. c) en un tercer país,

que, derivadas de contratos celebrados por consumidores con la misma parte demandada y en el mismo contexto jurídico, le hayan sido cedidas por dichos consumidores, siempre que el contrato de cesión no se inserte en una actividad empresarial o profesional del demandante, sino que persiga el ejercicio colectivo de las pretensiones?»

Y mientras tanto, cuando las autoridades europeas podían pensar que las turbulencias habían pasado, hace unas semanas se presentaron dos reclamaciones contra el “Escudo de la privacidad” . La primera por parte de Digital Rights Ireland; la segunda por la asociación francesa La Quadrature du Net. A estas reclamaciones se le suma que el Grupo de Trabajo del Art. 29 ya expresó sus reticencias en relación con determinados aspectos del Acuerdo en el més de abril. Y, sin duda alguna, este clima tan reivindicativo no ayuda a que Facebook pueda por fin recabar la autorización para intercambiar datos personales de sus clientes con Whatsapp.

En definitiva, para desgracia de los funcionarios de Bruselas (y alegría de los fabricantes de analgésicos) el señor Schrems ha venido para quedarse… y parece que por mucho tiempo.

A ellos (los funcionarios) va dedicada la selección musical de DJ Sebitas (en la que no falta el inevitable homenaje a Leonard Cohen): aqui, aqui, aqui, aquí y aqui.

Abrazos,

Aurelio

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