Se nos fue Bowie y, como ya ocurrió con Lou Reed, el que os escribe sintió que se iba una parte de él. Es lo que tiene ser un apasionado de la música rock, cosa que, me consta, comparto con muchos abogados de PI.

Todos sabemos el valor incalculable que tienen ciertas canciones, incluidas las de Bowie. Esta historia, sin embargo, habla de lo contrario: de cómo Bowie le puso precio a su legado. Queremos con ella, rendir homenaje al músico en agradecimiento a toda la felicidad que nos ha proporcionado (… y para que no se sienta celoso de su amigo Lou, al que Cesar ya le hizo una ilustración).

La historia comienza un lluvioso día de 1997 en el que Bowie decide vender bonos o títulos sobre sus los derechos de propiedad intelectual de su legado musical. En concreto, sobre las canciones incluidas en sus 25 albumes anteriores a 1990. El precio: 55 millones de dolares. Los bonos se otorgaron a 10 años con un interés anual del 7.9%.

Bowie, prometía a los inversores participar en los futuros beneficios derivados de los royalties que cobraría por sus canciones, lo que garantizaba el flujo de dinero necesario para devolver esos 55 millones más los intereses prometidos.

De esta manera, Bowie daba origen a los llamados “Celebrity Bonds”, que también han utilizado otras estrellas.

Gracias al dinero obtenido con la venta de sus bonos, Bowie adquirió financiación para, según el prospecto de los bonos, “recomprar los derechos de publicación de algunas canciones, vendidos a un antiguo mánager, además de invertir en empresas de Internet”. Quien sabe, quizas pudiera ser para financiar la compra de un lujoso apartamento en Nueva York (ciudad en la que Bowie decía sentirse a gusto porque podía pasear sin ser reconocido). El caso es que, con esta operación, Bowie se convirtió en todo un IP innovator al utilizar activos intangibles para conseguir financiación.

Recuerdo que fue alrededor de 2005 cuando conocí la historia. Me encontraba realizando un trabajo sobre la Guia Legislativa sobre las Operaciones Garantizadas (2007) sobre la que en aquel momento se trabaja en UNCITRAL. Y de pronto, los trabajos pararon. Bowie estaba en boca de todos: nadie parecía haber tenido en cuenta que además de objetos tangibles, también los derechos de propiedad intelectual podían ser utilizados para garantizar operaciones comerciales…  Se tuvo que trabajar en un Suplemento a la Guía (2010), para tratar las cuestiones particulares que esto implicaba.

Pero no acabó ahí la cosa. En una conversación con un colega del Max Planck, que por aquel entonces trabajaba en el proyecto de los CLIP Principles, me dijo exaltado (hay que decir que este colega se suele exaltar con poca cosa) que habían tenido que posponer la versión final de los mismos porque no habían tenido en cuenta las implicaciones que la utilización de los derechos de PI como garantías tenia a la hora de determinar el Derecho aplicable a las cuestiones de PI. Seis meses más de trabajo resultado del cual, los Principios CLIP pasaron a incluir una sección 8, en la Parte III, titulada “Security Rights in Intellectual Property”.

Naturalmente, otro aspecto que adquirió mucho más interés como consecuencia de los “Bowie Bonds” fue el de la valorización de los derechos de propiedad intelectual, sobre el que se siguen publicando informes y más informes.

Doy gracias a que estas cuestiones jurídicas poco importaron a Bowie, quien siguió haciendo lo que mejor sabía hacer: canciones. Yo, a su vez, aproveché para introducir por unos años un seminario sobre IP y titulización en el Magister Lvcentinvs con escaso exito. Nadie pareció entender de qué se le estaba hablando y muy pocos, para mi desgracia, eran fans de Bowie, por lo que mencionar su nombre tenia un poder de atracción mínimo.

Lamentablemente, la historia no acabó bien. Como explican en El Economista, los “Bowie Bonds” no tuvieron una vida facil: “Las estimaciones de ventas fueron demasiado optimistas, afectadas por el terremoto que supuso para la industria la llegada de Internet y desarrollo de la música online. Moody´s, que había otorgado una A3 a la emisión, es decir, una calidad buena, en 2004 bajó el rating hasta Baa3, tan solo un escalón por encima de los denominados bonos basura”. Aquí reside el último aspecto que relaciona a Bowie con la propiedad intelectual: cómo la piratería afectó al valor de los derechos de autor sobre las obras musicales y audiovisuales (si lo puedo adquirir de gratis, ¿por que pagar por el?). Pero sobre esto último ya se ha escrito mucho.

En fin, amigos, este post no puede acabar de otra manera. Aqui van mis favoritas y las de DJ Sebitas: aquí, aquí, aquí, aquí y aquí.

¡Larga vida a Bowie!

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Aurelio López-Tarruella
Profesor Titular de Derecho internacional privado. Universidad de Alicante (España), Abogado Of Counsel de Baylos, Profesor del Doctorado Europeo EIPIN – Information Society (Horizon 2020 Marie Skłodowska Curie Action ITN-EJD 2016-2019) y de diferentes Masters y cursos en España y el extranjero. Consultor para OMPI, la Comisión Europea y el Parlamento Europeo en proyectos de propiedad intelectual. Autor y editor de diferentes publicaciones.

1 Comentario

  1. Es una pena! a mí me hubiera encantado ésa clase y poder hablar de Bowie… interesante artículo, gracias por compartir Aurelio, Saludos!

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