Fuente: www.cwu.edu 

El pasado viernes, a esa hora en la que uno está más pendiente de lo que le espera en el fin de semana que de acabar su trabajo, llegó a la redacción virtual de LVCENTINVS, vía los gatos de la PI, la noticia de que la Corte Federal del Segundo Circuito de USA había desestimado el recurso interpuesto por el Sindicato de Autores por entender que el uso que se hace de las obras en Googlebooks estaba amparado por la doctrina del “fair use”.

No es mi intención en este comentario analizar en profundidad ni la decisión ni la doctrina del “fair use” (sobre el particular, me remito a IP Watchdog y su repaso de la jurisprudencia en la materia), sino compartir con vosotros la principal reflexión que me genera la decisión. El asunto “Google Books” pone en relieve como la reducción de la protección de los derechos de autor puede servir para favorecer la creatividad e innovación. Es decir, al contrario de lo que parecen pensar parte de la doctrina y, en particular, el legislador español de las últimas reformas de la LPI, fomentar la innovación a partir del sistema de PI no pasa, necesariamente, por incrementar el nivel de protección de los derechos (más radical es la postura de Enrique Dans).

Antecedentes

Para los reciente llegados, GoogleBooks es uno más de los mastodónticos proyectos de Google (ahora Alphabet). Consiste en la digitalización de todas las obras literarias habidas y por haber y su puesta a disposición del público.

Muchas de esas obras están en el dominio público, por lo que no se precisa autorización para su digitalización, sino tan sólo la colaboración de las bibliotecas o editoriales donde se albergan esas obras. Estas obras están en su integridad a disposición de los usuarios. Otras han quedado “huérfanas” (en el sentido de que es imposible localizar a los titulares de sus derechos) y, al menos en algunos casos, están también en libre disposición. Un tercer grupo, son obras que todavía no han pasado al dominio público y, por tanto, su digitalización requiere de la autorización de sus autores. En este último caso, Googlebooks sólo muestra fragmentos de las obras e indica al usuario donde puede adquirir un ejemplar de la obra en su totalidad.

El segundo y tercer grupo de obras son los que han generado problemas. En relación con las obras huérfanas, hemos asistido a la adopción de legislación específica en la materia a ambos lados del Atlántico: en Europa, la Directiva 2012/28 sobre las obras huérfanas; en Estados Unidos, la Shawn Bentley Orphan Works Act, adoptada en 2008, pero cuya reforma ya se discute.

En relación con el tercer grupo, Google ha sido demandada también a ambos lados del Atlántico. En Europa, el asunto más conocido (al menos para LVCENTINVS) es “La Martiniere” (sentencia del TGI Paris 18 diciembre 2009), el cual acabó en acuerdo extrajudicial.

En Estados Unidos, Google se ha tenido que enfrentar a dos demandas las cuales se presentaron en el ya lejano 2005. La primera presentada por el Sindicato de Editores, que acabó en acuerdo extrajudicial. La segunda, la del Sindicato de Autores, con los que no se pudo llegar a un acuerdo. A esta segunda demanda es a la que está referida la reciente sentencia de la Corte Federal.

La decisión del Segundo Circuito de la Corte Federal

En el litigio en primera instancia, el Juez Chin de la US District Court for the Southern District of New York ya había establecido que el uso de las obras que hacía Google estaba amparado por la doctrina de “fair use”. El Sindicato de Autores apeló la decisión, y la Corte Federal ha desestimado el recurso. Dos pasajes de la decisión bastan para entender las razones del tribunal:

“Google’s division of the page into tiny snippets is designed to show the searcher just enough context surrounding the searched term to help her evaluate whether the book falls within the scope of her interest (without revealing so much as to threaten the author’s copyright interests). Snippet view thus adds importantly to the highly transformative purpose of identifying books of interest to the searcher. With respect to the first factor test, it favors a finding of fair use (unless the value of its transformative purpose is overcome by its providing text in a manner that offers a competing substitute for Plaintiffs’ books”

“We have no difficulty concluding that Google’s making of a digital copy of Plaintiffs’ books for the purpose of enabling a search for identification of books containing a term of interest to the searcher involves a highly transformative purpose, in the sense intended by Campbell.”

Es decir, el uso que Googlebooks hace de pequeños fragmentos de las obras es un uso diferente (hacer una copia digital de los libros para permitir que los usuarios puedan identificar libros a partir de términos de referencia) al que llevan a cabo los autores (publicación y venta de libros). Tal uso no atenta contra los intereses de los autores por cuanto no están creando un producto que compita directamente contra la explotación de la obra que llevan a cabo los autores. Dicho uso está amparado por la doctrina del “fair use” y no requiere autorización de los autores.

Otro párrafo memorable, difícil de encontrar en una decisión sobre derechos de autor en Europa es el siguiente:

“The ultimate goal of copyright is to expand public knowledge and understanding, which copyright seeks to achieve by giving potential creators exclusive control over copying of their works, thus giving them a financial incentive to create informative, intellectually enriching works for public consumption. This objective is clearly reflected in the Constitution’s empowerment of Congress “To promote the Progress of Science (…) by securing for limited Times to Authors (…) the exclusive Right to their respective Writings.” Thus, while authors are undoubtedly important intended beneficiaries of copyright, the ultimate, primary intended beneficiary is the public, whose access to knowledge copyright seeks to advance by providing rewards for authorship.”

Habla por si sólo.

Reflexiones: ¿resulta más adecuada la doctrina “fair use” que un sistema tasado de excepciones para fomentar la innovación y la creatividad?

No es la primera ocasión en la que defiendo la utilidad que tendría para el sistema europeo de derechos de autor una cláusula, similar a la doctrina del “fair use”, que exceptúe de la necesidad de recabar la autorización del titular para usos de la obra que cumplieran ciertas condiciones que garantizasen un justo equilibrio entre los intereses de los titulares y los de la sociedad en general.

Actualmente ello parece impensable: la concepción continental de los derechos de autor nos lleva a un sistema cerrado de excepciones que aporta seguridad jurídica pero poca flexibilidad. Así, utilizando el asunto “La Martiniere” como ejemplo: la digitalización de las obras constituía una explotación del derecho de reproducción que requería la autorización del autor pues no estaba amparada en ninguna excepción prevista por la legislación francesa. De nada sirve argumentar los muchos beneficios que pueda tener para la sociedad el hecho de que Googlebooks facilite enormemente el acceso a un ingente número de obras de todo tipo. El hecho de que dicho uso no esté amparado por ninguna de las excepciones es suficiente para establecer la existencial de infracción.

Lo más grave es que, en vez de dirigirnos hacia un sistema más flexible, se está volviendo más rígido. El ejemplo lo encontramos en la última reforma de nuestra LPI. Para evitar que una interpretación flexible del Art. 32 pudiera perjudicar los intereses de los titulares de derechos de publicaciones periódicas, el legislador español se inventó la llamada “tasa Google”: “la puesta a disposición del público por parte de prestadores de servicios electrónicos de agregación de contenidos de fragmentos no significativos de contenidos divulgados en publicaciones periódicas o en sitios web de actualización periódica y que tengan una finalidad informativa, de creación de opinión pública o de entretenimiento, no requerirá autorización, sin perjuicio del derecho del editor o, en su caso, de otros titulares de derechos a percibir una compensación equitativa”.

El resultado de esta diferente política regulatoria en materia de derechos de autor es evidente: mientras en USA se fomentan ideas innovadoras basadas en el uso honrado de obras preexistentes; en España no sólo se sancionan ideas innovadoras ya existentes (Google News) sino que se crea una inseguridad tal que no se fomenta la aparición de nuevos modelos de negocios basados en la utilización de contenidos de terceros. Nosotros mismos, en LVCENTINVS, nos preguntamos si nuestras entradas recopilatorias de noticias no convierten en “prestadores de servicios electrónicos de agregación de contenidos” obligados a pagar la compensación equitativa que el art. 32.2 reserva a editores u otros titulares de derechos.

Por último, alguien podría pensar que la introducción de una cláusula “fair use” en los sistemas continentales de derechos de autor resulta impensable. Ciertamente es complicado y plantear el contenido exacto de dicha cláusula requiere más tiempo del empleado para el presente post. No obstante, no sería la primera vez que se hace (o se intenta). Me limitaré a apuntar el ejemplo de Singapur, país que hace algunos años decidió apostar por la innovación como motor de desarrollo económico y dedicar un 15% de su PIB a programas de I+D. Esta política vino acompañada de una reforma de su legislación de propiedad intelectual que, entre otras cuestiones, incluyo la adopción de una cláusula “fair use” en materia de derechos de autor. Los beneficios que esta decisión ha conllevado para las industrias relacionadas ha sido analizada por la doctrina especializada.

Quizás Europa debería mirar estos ejemplos de la práctica para ver si son extrapolables a sus necesidades.

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