En estos tiempos marcados por la inmediatez de la información, nos hemos beneficiado del acceso a magníficos recursos desde el mismo instante en que son colgados por sus creadores en algunas de las múltiples plataformas que existen en la red de redes. Estos pueden ir desde los últimos capítulos de una novela escrita por un reconocido autor, que optó por hacer una entrega seriada en la web en lugar de la tradicional vía de las editoriales, de una aplicación con fines educativos, o una película de ficción.

Los derechos de autores en los medios digitales

El problema está que muchos de esos recursos o materiales audiovisuales a los cuales accedemos con un solo clic, realmente nunca fueron compartidos por sus creadores. Muchas veces solo se enteran de que están disponibles para la descarga luego de que ya se encuentren en las manos (o los discos duros, dispositivos USB, etc.) de miles de usuarios en todo el mundo. Eso, todos sabemos, es piratería.

Si bien es cierto que el conocimiento debe ser compartido y difundido para bien de toda la humanidad, también lo es que, detrás de cada obra de autor, cualquiera sea su campo, hay horas de trabajo y dedicación de alguien que es poseedor del conocimiento o el “saber hacer”. Por ejemplo, detrás de los juegos de cartas euroking en línea hay mucho talento y esfuerzo por parte de sus desarrolladores.

Nuevas formas de proteger la propiedad intelectual

Y no es que muchos de los defensores de la piratería no tengan argumentos válidos, sobre todo cuando se trata de los precios abusivos que se cobran por los productos de entretenimiento para que algún actor o actriz (en muchos casos, ni siquiera un gran actor) se dé el lujo de caminar por alguna alfombra roja con diamantes en los dedos de los pies, o los productores le regalen un jet (o una isla privada) a la esposa trofeo de turno. Estos “piratas informáticos” caen en lo que pudiera ser una variante de la era digital de Robin Hood.

Pero esos no son los casos que me motivan a esta reflexión. Pienso, por ejemplo, en los millones de desarrolladores de aplicaciones que aportan algo significativo a la promoción del conocimiento, y que, en muchos casos, tienen iniciativas de un gran impacto positivo en las áreas de la educación, la ciencia o la cultura. Para compensar la labor de estas personas, al menos con el reconocimiento de que son merecedores, están los nuevos tipos de licencias como las que emite Creative Commons, u otras licencias para recursos de acceso abierto. Llegan para llenar el vacío que existía en este campo legal.

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